Con la llegada del invierno, la actividad en los jardines de las zonas templadas, como el Mediterráneo, se ralentiza, pero de ninguna manera se detiene. En este clima, las tareas de mantenimiento se centran menos en la protección extrema contra la nieve y más en el manejo inteligente de las lluvias, la alta humedad y las heladas puntuales y nocturnas. Una buena preparación invernal es clave para asegurar la supervivencia de las plantas y arbustos, permitiéndoles florecer con salud y esplendor una vez que regrese la primavera.

El principal desafío en el clima mediterráneo no es tanto el frío constante, sino las bajadas bruscas de temperatura durante la noche que pueden ser letales para especies sensibles. Para contrarrestarlo, el acolchado o mulching es una técnica esencial. Consiste en cubrir el suelo alrededor de la base de plantas sensibles, como los cítricos o aquellas recién plantadas, con una capa gruesa de corteza de pino, paja o compost. Esto actúa como un aislante térmico, protegiendo las raíces de las heladas del suelo, que son el principal punto de peligro. Además, es prudente tener a mano mantas térmicas o velos antiheladas para envolver rápidamente aquellas plantas más delicadas, como las buganvillas o los geranios, cuando se prevea una noche gélida. Estas cubiertas deben retirarse por la mañana para que la planta aproveche el sol. En el caso de las plantas en maceta, el aislamiento se facilita agrupándolas cerca de una pared orientada al sur y elevándolas del suelo con una base de madera o ladrillo.

En cuanto al manejo del riego y la humedad, el peligro principal en esta época es el exceso de agua combinado con el frío, lo que conduce a la pudrición de las raíces y la proliferación de hongos. Por ello, se debe reducir drásticamente la frecuencia de riego. En muchas zonas, las lluvias invernales serán suficientes, y solo se debe regar cuando el sustrato esté completamente seco, haciéndolo idealmente a mediodía en días soleados. Es crucial asegurarse de que los desagües y los orificios de drenaje de las macetas estén siempre despejados para evitar el estancamiento del agua de lluvia. Respecto al abono, se deben evitar los fertilizantes ricos en nitrógeno que estimulan el crecimiento de brotes tiernos y débiles; en su lugar, se puede usar un abono orgánico de liberación lenta o uno rico en potasio, que fortalece la resistencia celular al frío.

Finalmente, las tareas de limpieza y poda son cruciales para la sanidad del jardín. Es vital retirar todas las hojas caídas y restos orgánicos del césped y alrededor de las plantas, ya que la materia en descomposición es un foco ideal para hongos comunes como el oídio o el mildiu. El invierno es el momento ideal para la poda de formación y saneamiento de frutales y parras, estimulando el crecimiento primaveral. Sin embargo, hay una importante excepción mediterránea: no podar arbustos sensibles o de hoja perenne hasta que haya pasado todo riesgo de heladas, ya que su masa foliar les sirve de protección natural. La época de reposo debe aprovecharse también para aplicar tratamientos preventivos contra plagas, como los aceites de invierno en los árboles frutales, que eliminan huevos y larvas que hibernan en las ramas.