La Asociación de Empresas Productoras de Plantas de Vivero de la Provincia de Alicante (VAME) ha celebrado su asamblea general ordinaria en Elche. En el encuentro los empresarios tuvieron la oportunidad de conocer en profundidad toda la problemática del IAE y analizar la situación del sector.
El presidente, José Manuel Gil, ha manifestado en su informe que “nuestras plantas son un orgullo local, pero también una marca de prestigio en todo el mundo. Hemos pasado de ser viveros tradicionales a convertirnos en industrias que aplica tecnología y logística de primer nivel. Desde la provincia de Alicante a Europa, Oriente Medio, Asia y América. Ese éxito no es fruto del azar. Es el resultado de la capacidad que tenemos para innovar, para adaptarnos a los mercados y para ofrecer una calidad indiscutible, que solo alcanza lo que se cultiva con mimo y cuidado extremos. Gracias a todos estos avances nos hemos convertido en empresas competitivas y fuertes, al tiempo que flexibles”.
El presidente ha puesto de manifiesto que “ese éxito no solo se mide en facturación, sino también en los valores que devolvemos a nuestra sociedad. Por eso, este año hemos dado un paso adelante en nuestra Responsabilidad Social con un proyecto que me hace especial ilusión compartir con vosotros. Hemos firmado un acuerdo con la Fundación del Deporte Ilicitano para apoyar, mediante una beca, a una de nuestras atletas más brillantes: la nadadora olímpica Ángela Martínez Guillén. Ángela es una referente absoluta en aguas abiertas y fondo, una de las grandes realidades de la natación española que ya brilla a nivel internacional. ¿Por qué Ángela? Porque ella representa exactamente lo mismo que las empresas de VAME: resistencia ante las condiciones más duras y disciplina en el día a día”.
- Y esa ambición por llevar el nombre de nuestra tierra por todo el mundo.
En su discurso también abordó los acontecimientos del Estrecho de Ormuz “que ha dejado de ser una noticia lejana en el telediario para convertirse en un agujero en nuestras cuentas de resultados. Esa arteria vital está bajo presión, y el bloqueo de las rutas no solo retrasa nuestros envíos, sino que está disparando los fletes a niveles que rozan lo insostenible. A esto se le suma una tormenta geopolítica que no nos da tregua. No es una percepción, es una realidad asfixiante: los fertilizantes, la energía y el transporte han disparado nuestros costes de producción. Estamos gestionando esta incertidumbre con una profesionalidad admirable pero nuestro margen de maniobra se está estrechando”.
Necesidad de equipos humanos y agua
Gil ha puesto de manifiesto que para las empresas de VAME “la integración laboral de trabajadores venidos de otros países no es solo una cuestión ética, es una herramienta de competitividad”.
Ha añadido que “aunque este año ha llovido bastante más que en otras ocasiones, nuestra obligación es seguir defendiendo el Trasvase Tajo-Segura como pilar fundamental para el abastecimiento de nuestro territorio, cuya aportación se puede completar con otras fuentes de recursos hídricos. Esta defensa no se articula sobre la necesidad de calmar la sed de un mes en concreto, sino sobre la estabilidad irrenunciable de un sistema productivo que es motor de crecimiento para la economía y la sociedad de un territorio que aporta riqueza al conjunto del Estado. Aun en años de bonanza pluviométrica, el Trasvase Tajo-Segura se mantiene como la columna vertebral de una planificación estratégica que trasciende la coyuntura meteorológica. No podemos permitir que la gestión del agua sea una lotería basada en la improvisación; necesitamos la garantía de una infraestructura que aporta certidumbre a miles de familias, asegura la competitividad de nuestras exportaciones y consolida un modelo de desarrollo que ha demostrado ser profundamente solidario con la balanza comercial y el progreso de toda España.
Defender la continuidad de esta infraestructura hoy es, ante todo, un ejercicio de responsabilidad ambiental y social para proteger el futuro de una tierra que ha aprendido a convertir cada gota en alimento y empleo”.
La lluvia de un invierno no debe cegarnos ante la realidad de un clima cíclico donde la reserva hídrica es nuestra única salvaguarda contra la desertificación y el abandono rural. Al mantener el trasvase, no solo protegemos el patrimonio de la agricultura alicantina y el equilibrio de nuestros suelos. Con su permanencia consolidamos un modelo de cohesión territorial en el que los recursos se gestionan con visión de Estado, garantizando que el Levante español siga siendo ese pulmón económico capaz de generar bienestar mucho más allá de sus fronteras provinciales.
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